Paraguay y la región latinoamericana enfrentan un 2025 lleno de incertidumbre, pero también de oportunidades. La designación de este año como el «año de la ciencia y tecnología cuántica» por parte de las Naciones Unidas simboliza un momento crucial en el que avances tecnológicos y cambios políticos podrían reconfigurar el panorama global. Sin embargo, la reelección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos redefine el contexto internacional de manera significativa, con implicaciones directas para Paraguay y sus vecinos.
Paraguay ante un panorama global cambiante
La política «America First» de Trump podría abrir oportunidades para los países sudamericanos en la medida en que busquen llenar los vacíos comerciales dejados por una renovada guerra arancelaria entre Estados Unidos y China. Paraguay, con su fuerte dependencia de las exportaciones agrícolas y su apuesta por la generación hidroeléctrica, tiene la posibilidad de consolidarse como un socio clave en cadenas de suministro alternativas. Sin embargo, también deberá enfrentarse a retos internos, como el fortalecimiento de su democracia y la transición hacia un modelo económico más diversificado.
América Latina también podría beneficiarse del auge de la tecnología limpia liderado por China. Los bajos costos de paneles solares y baterías podrían catalizar una transformación en el sector energético de la región. Para Paraguay, que ya cuenta con abundante generación hidroeléctrica, este momento podría representar una oportunidad para diversificar su matriz energética e incluso exportar tecnología limpia.
Trump y su impacto global: redefiniendo alianzas
La victoria de Trump no solo marca un cambio en la dirección de la política estadounidense, sino también en la estabilidad geopolítica global. Su «America First» podría intensificar tensiones en varias regiones. En Europa, aliados tradicionales cuestionarán la solidez de sus alianzas, mientras que en Asia, la incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos en el conflicto con China sobre Taiwán podría recalibrar las estrategias regionales. Para América Latina, esto podría traducirse en un panorama más fragmentado, con menos apoyo internacional y un aumento en la influencia de China y Rusia.
Democracias bajo presión
Un tema recurrente en la portada de The Economist es la fragilidad de las democracias. La urna de votación agrietada simboliza una crisis de confianza global en las instituciones democráticas. En Paraguay y la región, esta situación podría manifestarse en tensiones sociales y políticas, especialmente si los líderes no logran responder a las expectativas de la población. Las elecciones de 2025 serán un termómetro clave para medir esta dinámica.
Auge y retos de la transición energética
El coche eléctrico parcialmente cargado que aparece en la portada representa los desafíos de la transición energética global. Mientras los costos de las tecnologías limpias caen, la dependencia de minerales críticos como el litio y el cobalto podría desencadenar disputas geopolíticas. Para Paraguay, que ya lidera en energía hidroeléctrica, esta transición podría ser una oportunidad para atraer inversión extranjera en el desarrollo de tecnologías verdes.
Ciencia cuántica y revoluciones tecnológicas
La declaración de 2025 como el año de la ciencia y tecnología cuántica subraya la importancia de las revoluciones tecnológicas en curso. La inversión masiva en inteligencia artificial y tecnologías emergentes podría transformar industrias y redefinir cómo funcionan las economías. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre la equidad en el acceso a estas tecnologías y su impacto en el empleo.
Lecciones para el futuro
La portada de The Economist para 2025 es un recordatorio de la complejidad y las interconexiones del mundo actual. Para Paraguay y la región, entender estas tendencias globales no solo es una necesidad, sino una oportunidad para anticiparse y adaptarse. La clave estará en equilibrar las demandas internas con las oportunidades externas, fortaleciendo las instituciones democráticas y apostando por una mayor diversificación económica.
Como dice el editor de The Economist, «para navegar el futuro, puede ser útil anticipar lo improbable». Y en este 2025 lleno de sorpresas, estar preparados para lo inesperado podría ser la mejor estrategia.





